La moda reflejada en publicidades
 

 
La indumentaria es un aspecto de cada sociedad que nos dice mucho sobre sus valores, ideales y creencias. Aunque la moda parezca reflejar el costado más frívolo de las costumbres, ninguno de sus cambios es totalmente caprichoso e independiente.

En los años de la primera guerra mundial nuestro país recibe mensajes que influyen sobre distintos factores, mensajes que podemos hallar y analizar tanto en los textos –desde las publicaciones hasta la correspondencia privada- como en el trabajo, como en la situación de las mujeres. Cambia el trato entre los sexos, cambian los horarios cotidianos, cambia la concepción del trabajo y la ganancia, y, por fin, cambia la moda.

De la ropa femenina muy adornada, confeccionada con telas suntuosas, plumas, pieles, se pasa a una línea menos ceñida, de telas menos delicadas, colores neutros, con explícita alusión a la guerra en charreteras, martinagalas, gorros, botas fuertes y carteras en bandolera.

 

 
Así como en los últimos años del siglo XIX eran populares las botas de Crimea, las capas garibaldinas y los sombreros mitrista o chambergo (por el mariscal de Francia Schomberg), en estos años empiezan a usarse capas de paño y capas impermeables de línea sencilla.

 



Es un momento de auge de los boy-scouts (una organización juvenil no bélica pero de organización militarizada) tanto que además de venderse los trajecitos reglamentarios se usaban para toda ocasión unos muy parecios, compitiendo con los de marinero.
 

 
El calzado de las mujeres se hace más liviano pero desaparecen la seda y el terciopelo como materiales que ahora se reservan para los escarpines de baile. Se usan los botines y las botas con efecto de polainas. Los hombres calzan zapatos y polainas propiamente dichas, o sea, cubrecalzado abrochado al costado, de cuero fino o badana.

 
 
La publicidad permite conocer al detalle la ropa interior. Ya no vemos corsés completos sino medio corsé –del arranque del muslo hasta debajo del busto-. Se importan corsés de ese tipo, muy livianos y sin ballenas ni caucho crudo, de Estados Unidos e Inglaterra, y llegan los primeros corpiños anatómicos. (Gossard Wear, Aul´s). Debajo de esas prendas y por varios años se llevaría todavía una camisa junto con una enagua y calzones hasta las rodillas, Desaparece para siempre el polisón, un artefacto de tela fruncida o plegada que daba volumen a la parte de atrás de la falda.
 

 
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Archivo Histórico Municipal
Junio 2004
Textos: Aurora Alonso de Rocha