125º Aniversario llegada del Ferrocarril a Olavarría 15/03/2008 |
”Hoy la ciudad pareció haber retrocedido muchas décadas en el tiempo. Su gente vio pasar asombrada y con mucha emoción la vieja diligencia, el mateo, la volanta, aquellos carruajes que tuvieron su época de esplendor hasta que fueron paulatinamente desplazados por la ´mole de hierro´, el ´gran gusano´ a quien hoy rindieron su homenaje por haber sido el transporte de la civilidad y el progreso” Así comienza una extensa nota del martes 15 de marzo de 1883 en el diario Democracia, conmemorando el centenario de la llegada del primer tren. Tanto Democracia como el Popular dedicaron extensas notas a lo largo de varios días pues ese aniversario tenía un doble, profundo significado. Por un lado recordaba una empresa de la ciencia aplicada a la técnica puesta al servicio de los pueblos y por otro homenajeaba a varias generaciones de hombres del riel, gente que amaba los trenes y que se sentía parte de un proyecto extraordinario. En aquella oportunidad se realizó un gran acto centrado en la llegada de dos antiguas máquinas manejadas por ancianos maquinistas, una reliquia de 1902, y el tren presidencial construido en 1920. Autoridades municipales, policía vestida con los uniformes de 1919, una unidad de caballería y tanques, viajeros en ropas de época, la banda municipal, todo confluyó en la inauguración del monolito recordatorio. Acerca del mismo se dijo, durante estos 25 años, que se había enterrado en su base un álbum recordatorio. Después de muchas pesquisas, ese álbum, que alguna vez había estado en manos del señor Cataldo Blando (ya fallecido) apareció en poder del superintendente comercial de aquellos años, señor Otto Carloni que, por mediación del señor Juan Castiglia gentilmente lo hizo llegar. Allí se develó que, ante el temor a una inundación, el álbum fue depositado en una caja de seguridad del Banco de Olavarría, y cuando éste cerró pasó a las manos del actual poseedor. Sus fotografías registran la presencia de autoridades y trabajadores ferroviarios y el desfile de coches junto con los detalles de la ceremonia. Para quien pase por la estación y la terminal es bueno que ponga atención al boulevard Pringles. Llamado hasta cerca de 1890 Progreso, fue uno delos ejes de la traza urbana en forma de cuadrado (con Colón y La Plata, luego llamado Del Valle, y con el arroyo). En 1904 se inauguró una rambla arbolada, dotada de bancos, lugar propicio para esperar a la sombra. En 1937 la colectividad libanesa donó una bella estatua de la diosa Diana fundida en la más importante fundición de París:... Hay que añadir que varias estatuas de sujeto mitológico, de esa fábrica, están en la plaza de Tandil, y que existe una organización mundial que las busca y registra por su valor artístico. La estación, una construcción clásica, hecha según los planos ingleses y con materiales importados igual que las casas del personal, son hoy el recuerdo de un proyecto de aristas políticas discutidas pero de aristas artísticas y de interés arquitectónico indudables. Desde el punto de vista social el tendido de los rieles llevaba el progreso material hasta donde alcanzaba mientras daba, a la par, trabajo en el tendido con sus jornales y sus carpas, a paisanos e inmigrantes, muchos de los cuales se quedaban como primeros pobladores. Los galpones de materiales, la casa del jefe, el almacén para los trabajadores, eran la matriz de los poblados. Desde las estaciones, por otra parte, surgían barrios de ferroviarios y calles de negocios ligados a los viajeros: valijerías, fondas, paradas de coches, garitos, peluquerías, ventas de artículos rurales, forrajerías, pensiones para hombres y caballos. Los inmigrantes que no hablaban fluidamente el castellano fueron los primeros en aprovechar esos barrios en negocios variados, y así tuvimos, junto con los clubes ferroviarios, las mutuales y clubes delos libaneses y sirios. Por su parte el diario El Popular titulaba: HACE HOY CIEN AÑOS OLAVARRIA FUE UNAFIESTA. “Globos, fuegos de artificio, una considerable comilona enmarcaron aquel día...” Tal festejo –expresa- no era para menos: se acababan las épocas en que había que recorrer diez leguas en traqueteadas galeras desde Azul hasta Olavarría y en que los sufridos carros tenían que vadear barro hasta la punta de riel para descargar caliza y granito. Hubo recepción, globos, calles iluminadas, plaza refulgente de luces, baile con pianista en salón con flamantes cortinas, y no menos de cuatro vacas inmoladas –el asado con cuero no podía faltar- en aras del progreso, y servicio de ambigú durante el baile. La historia del FFCC del Sud y consideraciones sobre la política ferroviaria en el mundo –trenes estatales o explotación privada o mixta- no ha perdido actualidad. En otras páginas se incluyen nostálgicas colaboraciones y memorias de antiguos ferroviarios, la fotografía de una maqueta de latón hecha por don Juan Castiglia y la reproducción de las medallas recordatorias. Es interesante la inclusión de una nota sobre el tren presidencial, que incluye dos fotografías, la de un fastuoso baño con artefactos de bronce lacado mármol, y un coche dormitorio con muebles y una cama de dos plazas con todo el confort. Cien años se cumplen una sola vez y quiere la tradición que sean los más espléndidos pues suelen superar apenas la duración de una vida y alcanzar a los recuerdos vivos de dos generaciones, todavía hay fotografías guardadas con amor y anécdotas que van de boca en boca. Cien años son irrepetibles, pero estos veinticinco años más nos dan la oportunidad de volver a vivirlo a los que estuvimos en 1983 y a muchos de los que presenciaron los mayores cambios del ferrocarril, las máquinas, los sistemas de explotación, su peso en la economía del mundo Nos permiten reencontrarnos en el lugar emblemático, al costado de las vías, del puente de fierro, de los vagones abandonados. Toda una época y una mística. |