VIDA Y AMORES DEL CURA DE OLAVARRÍA
Sentenciado a muerte

 
  
 
El siguiente libelo fue escrito por un señor presuntamente español. (Podemos pensar tal cosa por el estilo y algunos giros idiomáticos. Se trata de un raro ejemplo de literatura de cordel de nuestra zona. La literatura de cordel existió hasta entrado el siglo XX en toda Hispanoamérica, y consistía en prosas o versos (eran más comunes los casos versificados) sobre sucesos importantes o escandalosos del momento. Se imprimían en gran cantidad en papeles ordinarios y se ataban con hilo, una modesta encuadernación que les dio su nombre.
Se vendían en ferias y fiestas o casa por casa. El de Castro Rodríguez fue escrito en el año de los asesinatos. La escritura es bastante cuidada e incluía ilustraciones. Se conserva en la biblioteca Ronco de Azul y el Archivo Histórico debe su conocimiento a la gentileza del Sr. Enrique César Rodríguez.


Por R. de Iturriaga y López
Buenos Aires

CUARTA EDICION
1888
 
 
 


 
Capítulo l
INFANCIA DEL ASESINO-RASGOS PROMINENTES DE SU CARACTER


Pedro N. Castro Rodríguez
nació en un pueblo de España
punto que yo, entre paréntesis,
ignoro cómo se llama;
con lo cual se pierde poco
y muchísimo se gana,
porque hay seres en el mundo
que avergüenzan a su patria.
Desde sus más tiernos años
su carácter revelaba
que, andando el tiempo, sería
famoso por sus hazañas
aunque esa celebridad
equivaliese a la infamia.
Hipócrita y pendenciero
era para él una gracia
dar de golpes a otros npños
de complexión delicada,
hallando sumo plalcer
en que derramasen lágrimas.
Para los fuertes tenía
frases de elogio entusiastas
y a sus menores caprichos
dócilmente se amoldaba.
Sus padres lo reprendían
a fin de que se enmendara,
sin que jamás consiguieran
inculcarle buenas máximas.
El muchacho desoía
los consejos y amenazas
y respondíales siempre
con altaneras palabras
que de relieve ponían
la intransigencia de su alma.
Muchos lklegaron a creer
en vista de su arrogancia
que le ofreciese atractivos
la carrera de las armas;
pero, con sorpresa unánime
dedicóse a la eclesiástica,
en la que se prometía
desplegar todas sus mañas
y, explotando al ignorante,
vivir en completa holganza,
pues predicar unsermón
o decir misa por plata
a mi juicio no es trabajo,
sino repugnante farsa.
No cvorre riesto ninguno
quien adopta la sotana
en tanto que el militar
su pecho expone a las balas
y experimenta penurias
en peligrosas campañas
si inválido no regresa
de los campos de batalla
o entre el fragor del combate
su último aliento no exhala.
Los frailes (sin excepción)
tranquila existencia pasan,
sin conocer los suplicios
que las privaciones causan;
duermen en mullidos lechos,
nunca la ropa les falta
su alimento es abundante
y no se privan de nada:
ni de los vinos más caros
ni los puros de la Habana.
Ellos los zánganos son
que las colmenas asaltan,
apropiándose la miel
por otros elaborada;
constituyen un enjambre
con muchos visos de plaga.

Capítulo II
PRIMERA HAZAÑA-CON LA MUSICA A OTRA PARTE


Dada la índole de Pedro
no debe admirar que diga
que, años más tarde ingresó
en la orden de los jeruítas,
la calamidad mas grande
que sobre la tierra exista,
porque en público aparecen
de una humildald excesiva,
y libres de las miradas
que sus actos fiscalizan
se muestran tales cual son:
maestros en la perfidia.
Los secuaces de Loyola
enlas tinieblas conspiran
contra la felicidad
y el honor de las familias;
recuerdan el asesino
en acecho de suk víctima.
Jamás se ve satisfecha
su abominable codicia,
que les impulsa hasta el crímen
y labra su propia ruina.
Quieren absorberlo todo
y, plagiando a las hormigas,
almacenan provisiones
en sus suntuosas guaridas
donde reina la abundancia,
se suceden las orgías
y es el ocio proclamado
la más hermosa premisa.
Ellos no esgrimen puñales
mas válense de la intriga,
tratando de convencer
con perniciosos sofismas.
Castro Rodríguez, astuto
como toda la pandilla,
luciendo sus cualidades
logró trepar a la cima.
Y hasta acarició la idea,
en su ambición desmedida,
de sentarse en la poltrona
donde el Papa se reclina.
Por cuestiones pecuniarias,
pues es ellucro su mira,
con uno de sus parciales
disgustóse cierto día,
terminando la disputa
de una manera imprevista:
los insuiltosse cambiaban,
los ojoos lanzaban chispas,
cuando el héroe de mi historia,
én los ímpetus de la ira,
ya que no le era posible
propinarle una paliza,
porque el otro era robusto
y a pelear se disponía,
acometió a su adversario
con una enorme cuchilla
y quizá le hubiese muerto
si el fraile no se da prisa
en escapar al enojo
de su fiero antagonista.
Fue a causa de este atentado
que la docta compañía
resolvió, previa consulta,
expulsarle de sus filas.
La miseria le acosaba,
de ocupación carecía;
decidióse a hacer un viaje
a la América latina,
deseoso de comtemplar
sus múltiples maravillas
y ver si allí la fortuna
se le mostraba propicia.

Capítulo III
EN MONTEVIDEO-PASA A BUENOS AIRES-NUEVA EXPULSION

Vendiendo algunas alhajas
reunió la suma precisa
para costear su pasage
en un vapor de la línea.
Omigo los pormenores
de la larga travesía
por no ocurrir durante ésta
nada digno de consigna.
Nuestro hombre desembarcó
en la capital vecina
y al honrado
Dr. Thomson
hizo al punto una visita.
Sin andarse por las ramas,
por temor a una caída,
le manifestó quien era
agregando que quería
plegarse al protestantismo
y sostener sus doctrinas
por considerar mejores
las prácticas metodistas.
Obtuvo Castro Rodríguez
una cordial acogida,
porque al contarle su historia
y exagerar sus desdichas,
se abstuvo de referirle
los detalles de la riñañ
que el lector recordará
suministré más arriba.
El conocido pastor,
que con Pedro simpatiza,
a seguirle a Buenos Aires
con sinceridad le invita.
El aventurero acepta
y cata aquí la polilla
compartiendo el domicilio,
en relaciones casi íntimas
con el canónigo Real,
que igualmente sostenía
la comuión anglicana
que al católico dá grima.
A Real, que se hallaba enfermo,
se recetó una bebida:
una noche, al apurarla,
notó que la medicina
tenía un sabor extraño;
e incontinente malicia
alguna maquinación
para arrancarle la vida.
Un químico el contenido
de la botella analiza,
manifestando el canónigo
cuando el examen termina,
que en el líquido en cuestión
ha descubierto en seguida
una dodis de veneno
de importancia relativa,
que no puede suponer
proceda de la botica.
Dáse cuenta som tardamza
del hecho a la Policía,
que a intervenir se rehúsa
(aunque el deber se lo dicta)
por tratarse de ministros
de una religión ambigua!
Pedro sehizo sospechoso
a cuantos le conocían
y, expusado nuevamente
ganó tan sólo ignominia,
creyendo tal vez medrar
merced a su hipocresía.
(Continuará)

 

   
 

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Archivo Histórico Municipal
Octubre de 2008
Textos: Aurora Alonso de Rocha