Mario Garrone
 

Hay un dibujo muy elegante con el título “Naturaleza muertita”, apuntes del natural hechos en Venecia y una linda fotografía de Mario y su mujer Nelly con la inscripción ´¿Quién seduce a quién?´.

A continuación, un testimonio amistoso de Juan R. Pené, su colega de Loma Negra que todos recordamos. Lo titula ´Mario Garrone un adelantado´. Lo compara con Salvador Dalí por su atuendo pero sin bigotes, y recuerda que lo conoció cuando Mario pedía caños y chapas en desuso para hacer una escultura al aire libre. Su proyecto era poner muchas obras en la orilla del Tapalqué. Había conseguido, incluso, una obra de Henry Moore que nunca pudo traer por la burocracia que lo impidió. También quería poner una fuente de aguas danzantes y concretó parte del proyecto en un gran árbol de Navidad.



El ing. Pené recordaba el estudio de arquitectura –más que de ingeniería- que tenía Garrone con el ingeniero y famoso rugbier Ricardo Giles en Av. Pringles, y evoca las innumerables exposiciones que iban a la zona industrial, a los colegios y a los barrios. Era –dice con acierto Pené- la época del Di Tella (años 60 del siglo XX) que permitían renovar el arte con un poco de desparpajo, incluso en Olavarría Ciudad del Trabajo con cara de cemento, como decían jocosamente.

Mario celebró el centenario de la invención del corpiño –es otro de sus recuerdos- haciendo un sello que regaló a los amigos. (Yo me acuerdo de otro sello: uno que le regaló al dueño de un hermoso jardín que se desbordaba a la vereda de Del Valle casi España. El sello lo consagraba ´perito en flores´).

 
A Mario se le debe un homenaje –dice Pené- por todo lo que hizo, homenaje que tiene que incluir a Nelly, la ´samaritana´ que lo dejó desplegar su vida, sus iniciativas, mientras cuidaba ´La cochonnerie´ (La chanchería), su quinta olavarriense.

Hay más dibujos que testimonian viajes, una visita al museo de La Plata donde se exponía la obra de Pettoruti o que muestran fina ironía: -Yo creí que la vida era otra cosa, y era esto... dice un tipo resignado.

La última vez que ví a Mario, en su departamento de Buenos Aires, estaba dibujando un florero alto y fino que contenía una... alta y fina mujer. En mi memoria están el ingeniero Núñez y su piano, sus hijos cantores y su casa, y, entre muchas cosas, una visita que hizo Miguel Brascó a Azul y Olavarría. Venía en calidad de sponsor de vinos pero dio una charla en la que habló de todo: música, países, personajes. Así era el mundo que rodeaba a Mario.
(Continuará)

   
 
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Archivo Histórico Municipal - Diciembre de 2004
Textos: Aurora Alonso de Rocha