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de febrero: dia de los enamorados
Hasta hace
pocos años ignorábamos que en Europa y Estados Unidos
se dedicara un día a los enamorados. Con la globalización
también nos ha llegado esta costumbre. Costumbre simpática,
sin duda, pero recordemos que en nuestro medio siempre se le dio gran
importancia al cortejo amoroso, el noviazgo, el pedido de mano, las
ceremonias de compromiso y casamiento.
Así como hoy se hacen regalos en forma de corazón o se
dan determinadas flores, antes se llevaban al pedido de mano caramelos
especiales, canastillas de bombones y mazapanes, algunos preparados
por las monjas del Rosario y más tarde por las confiterías
como el Buen Gusto. Se seguía un orden estricto de invitaciones
y regalos, regalos que se devolvían cuando el noviazgo se rompía.
Se anunciaba el compromiso en los diarios. Se hacían fiestas
y regalos. Había modistas especializadas en novias. Peluqueros
y maquilladores especializados en novias.
Salvo la fecha, nada es nuevo. Desde las tarjetas postales que se elegían
por sus elementos alegóricos como corazones, nomeolvides, etc.
hasta los complicados rituales de la iglesia junto con los trajes también
cargados de símbolos (velos sobre la cara, el blanco azahar de
la pureza, el padre que entrega a su hija), el amor se revistió
y sigue haciéndolo, de una envoltura mágica. Es lo que
nos muestran las fotografías que, en esta serie, van de los años
de 1890 a los de 1950.
DEL
NEGRO AL BLANCO Y SIEMPRE CON AZAHARES
Al principio las novias se vestían de negro, el color más
usado por las señoras cuando se ponían de gala. Vestidos
de lana merino, terciopelo o seda sin otro aditamento más que alguna
alhaja de familia, marcaban el paso de la niña a la mujer adulta
en su traje más serio. Más tarde añadieron el velo
blanco de tul sujeto con azahares, que varió en la manera de colocarlo,
el largo, el borde. Después el blanco total tomó la delantera,
hasta hoy. Los colores, tenues de preferencia, se reservaban a las viudas
que volvían a casarse.
Con los años variaron los adornos y el acompañamiento: niños
con canastas de flores que eran arrojadas al paso de los novios, niños
sin flores, amigas vestidas igual, amigas y amigos vestidos en dos grupos
iguales, dos padrinos, cuatro padrinos. Si observamos con atención,
hay menos cambios que en la moda en general, que pasó por el charleston,
la minifalda, la ropa bolsa, la pollera plato, los pantalones a toda hora.
El noviazgo y el casamiento –el amor, digamos- mantienen en el estilo
elementos que se resisten al cambio, que son persistentes: aún
las parejas que han convivido, aún muchas parejas que no formalizan
su relación con documentos o ritos, se reúnen, se visten
de novios formales y festejan. Enbuenahora: los ritos del amor también
son amor.
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